viernes, 7 de septiembre de 2018



Oh Señora mía, oh Madre mía!,

yo me entrego del todo a Ti
y en prueba de mi afecto,
con amor filial te consagro en este día:
todo lo que soy, todo lo que tengo.
Guarda y protege, y también defiende
a este hijo tuyo, que así sea.
Amén.



viernes, 31 de agosto de 2018

VIRGEN DE LA CARIDAD 8 DE SEPTIEMBRE DEL2018













Virgen Santísima de la Caridad del Cobre,
Reina de la esperanza, Madre de bondad,
que derramáis Luz bendita sobre los que padecen,
y, con amor maternal y corazón misericordioso,
amparáis y otorgáis vuestros favores
a todo el que se acerca a vuestra hermosa imagen
pidiendo ser escuchados,
y a todos los que os solicitan,
creyendo en vuestro inmenso poder,
y con verdadera fe y firme esperanza,
ayuda y consuelo para remediar sus tribulaciones.



No olvidéis, Virgen Santísima de la Caridad,
Madre de Dios y de los hombres
las tristezas e infortunios de la tierra.



Adorable Madre, Rosa del Cielo,
dicha del mundo, auxilio del pobre,
dirigid una mirada bondadosa sobre los que sufrimos
y luchamos con afán contras las adversidades.
Tened piedad de aquellos que pasan por males momentos
tened piedad de aquellos a quienes amamos,
tened piedad de los que lloramos y sufrimos,
y dadnos a todos auxilio, esperanza y paz.



Oh Sagrada Virgen, Madre de Caridad,  
dadnos vuestra fuerza,
ayudadnos en las pruebas diarias,
libradnos de males, enfermedades e infortunios 
y protegednos de peligros y enemigos.



Virgen de la Caridad, dulce consuelo,
con gran devoción, humildad y fervor,
hoy recurro a vuestra poderosa intercesión
para que os dignéis, por vuestra compasión y clemencia,
alcanzarme de vuestro amado Hijo y mi Dios,
solución a mis desesperados y difíciles problemas y necesidades:



(Presentar ahora con mucha confianza las peticiones).



Virgen Santísima de la Caridad del Cobre,
Celeste y dulce Señora,
escuchadnos y atendednos,
no dejéis, oh Madre llena de benevolencia ,
que nos invada la ansiedad y el desconsuelo
no dejéis oh Madre, que pasemos penurias y aflicciones,
de manera que provistos de las cosas necesarias 
para la vida temporal,
podamos dedicarnos con mayor fervor
a la salvación de nuestra alma.



Por Cristo Nuestro Señor.



Así sea.
“la Caridad me acompañe
y su Hijo
con los Santos Evangelios y la Cruz en que murió.




Amén. Jesús.” +





















martes, 31 de julio de 2018

AGOSTO-2018-LA ASUNCION DE MARIA A LOS CIELOS





















PREPARA, MARIA

Un camino por el que pueda llegar al cielo
Un lugar donde, yo, pueda descansar en el cielo
Un rincón, desde el que yo pueda contemplar a Dios
Un oasis, donde pueda vivir en paz
Un asiento, donde pueda escuchar la voz del Señor
PREPARA, MARIA
Una goma, para que Dios borre mis pecados
Un traje de fiesta, para que me pueda presentar ante Dios
Un corazón grande, para que Dios pueda habitar en él
Un calzado nuevo, para que no ensucie las calles del cielo
PREPARA, MARIA
Con tu asunción, la hora en la que yo sea llamado
Con tu asunción, el momento en el que yo sea partícipe de la gloria de Dios
Con tu asunción, una escalera por la que acceda al Paraíso
Con tu asunción, un anuncio de lo que estamos llamados a vivir
PREPARA, MARIA
Con tus manos, mi alma dispuesta para Dios
Con tus ojos, miradas limpias para ver a Dios
Con tus pies, caminos por los que encuentre al Señor
Con tu humildad, actitudes de acogida y de perdón
PREPARA, MARIA
Con tu Asunción, el día en el que, pueda presentarme ante Dios
Sin más tesoro que la fe
Sin más inversiones que la caridad
Sin más pretensiones, que la esperanza
Tu Asunción, María, es un destello de luz
Que nos enseña el futuro que nos espera.
Gracias, María.


Javier Leoz










sábado, 30 de junio de 2018

JULIO-2018
















Préstame, madre...
Préstame, Madre, tus ojos, para con ellos mirar, porque si por ellos miro, nunca volveré a pecar.
Préstame, Madre, tus labios, para con ellos rezar, porque si con ellos rezo, Jesús me podrá escuchar.
Préstame, Madre, tu lengua, para poder comulgar, pues es tu lengua patena de amor y de santidad.
Préstame, Madre, tus brazos, para poder trabajar, que así rendirá el trabajo una y mil veces más.
Préstame, Madre, tu manto, para cubrir mi maldad, pues cubierto con tu manto al Cielo he de llegar.
Préstame, Madre a tu Hijo, para poderlo yo amar, si Tú me das a Jesús, ¿qué más puedo yo desear?
Y esa será mi dicha por toda la eternidad.
























sábado, 2 de junio de 2018

JUNIO -EL SAGRADO CORAZON DE JESUS









Señor, a pesar de que Tu Corazón ya no latía, Tu Madre sabía que volverías. Ella con gran Dolor te aguardaba en oración, Ella esperaba, destrozada y angustiada, Ella confiaba en Tu Palabra. Señor de la Esperanza, Señor de la Verdad que enseñas a Tu Iglesia, a pesar de su tibieza, que Tu Palabra no pasará, que todo se cumplirá. Por eso aquella Dulce Muchacha de Nazaret, la Joven Madre de Belén, la Dolorosa del Calvario, nos mostraría que con amor y Fe que te volveríamos a ver. Es por eso que a Ella te presentaste para consolarla y alegrarla, pues El Santo, Su Hijo Amado, había Resucitado. ¡Cuál no fue el Gozo de aquella Santa Madre!. Alegrémonos con María pues Jesús está vivo, en Cuerpo y Alma, vivo hace dos mil años y vivo hoy. No prediquemos a un Cristo Muerto, ya que ¡el Señor Resucitó!. ¡Gloria a Dios!.







domingo, 13 de mayo de 2018

OFRENDA FLORAL -MAYO2018







GRACIAS A TODOS LOS AMIGOS DE LA CARIDAD DEL NAVARIEGU POR LA COLABORACION EN ESTA OFRENDA VIRTUAL REALIZADA EN SU PERFIL DE FACEBOOK :https://www.facebook.com/lacaridad.delnavariegu





Oración de una madre por sus hijos
Mi Señor Padre eterno,
Fuente de todo consuelo,
Te ruego por los hijos
Que me has regalado.
Tú que ya pensaste en ellos
Antes de la creación del mundo
Y que les quieres mucho más que yo,
Bendícelos siempre,
Envía a tus ángeles
Para que sus pies no tropiecen
Y no les dejes caer en la tentación.

Mi Señor Jesucristo,
Que quisiste nacer en una familia,
Por tu bendita Madre,
Que tanto sufrió al verte en la Cruz,
Apiádate de mis lágrimas
Y concede a mis hijos
La fe que vale más que el oro
Y la vida eterna.

Mi Señor Espíritu Santo,
Sé para ellos
Brisa suave que alivie sus penas,
Fuego que arda en sus corazones
Y Maestro que les enseñe a orar,
Para que nunca se desvíen
Del camino que lleva al cielo
Y un día podamos sentarnos juntos
En el banquete del Reino
Que dura para siempre.

Amén.









miércoles, 2 de mayo de 2018

Mayo-2018




Mayo es el mes de las flores, de la primavera. Muchas familias esperan este mes para celebrar la fiesta por la recepción de algún sacramento de un familiar. También, Mayo es el mes en el que todos recuerdan a su mamá  y las flores son el regalo más frecuente de los hijos para agasajar a quien les dio la vida.




Por otro lado, todos saben que este mes es el ideal para estar al aire libre, rodeado de la belleza natural de nuestros campos. Precisamente por esto, porque todo lo que nos rodea nos debe recordar a nuestro Creador, este mes se lo dedicamos a la más delicada de todas sus creaturas: la santísima Virgen María, alma delicada que ofreció su vida al cuidado y servicio de Jesucristo, nuestro redentor.






María nos cuida siempre y nos ayuda en todo lo que necesitemos. Ella nos ayuda a vencer la tentación y conservar el estado de gracia y la amistad con Dios para poder llegar al Cielo. María es la Madre de la Iglesia.



María era una mujer de profunda vida de oración, vivía siempre cerca de Dios. Era una mujer humilde, es decir, sencilla; era generosa, se olvidaba de sí misma para darse a los demás; tenía gran caridad, amaba y ayudaba a todos por igual; era servicial, atendía a José y a Jesús con amor; vivía con alegría; era paciente con su familia; sabía aceptar la voluntad de Dios en su vida.




Bajo tu amparo 
nos acogemos,
Santa Madre de Dios,
no desprecies las oraciones
que te dirigimos en nuestras necesidades
antes bien
li­branos de todo peligro 
¡oh Virgen gloriosa y bendita!







lunes, 2 de abril de 2018

PASCUA DE RESURRECCION -2018











¡Oh Alto y Glorioso Dios!


Mi vida es como una vidriera

iluminada por tu GRACIA multicolor.

Tú me has RESUCITADO


con Cristo, el Señor,

¡Aleluya!

Mi vida está con Él

escondida en Tí,

¡Aleluya!

Has sellado tu Alianza

de Amor y Vida conmigo,

¡Aleluya!

Nada podrá separarme jamás

de tu Amor,

¡Aleluya!

Hazme testigo fiel

de la Resurrección del Señor Jesús,

¡Aleluya!

Padre, renueva en mí tu Alianza


con el fruto de tu ALEGRÍA.


























lunes, 19 de marzo de 2018

SEPTENARIO A NUESTRA SEÑORA DE LA CARIDAD EN SUS MISTERIOS DOLOROSOS












Virgen dolorosísima, Vos sois la esperanza de los cristianos; acoged la súplica de un pecador que os ama tiernamente, honra de un modo especial y pone en Vos la esperanza de su salvación. Yo os debo la vida, Vos me volveréis a alcanza la gracia de vuestro Hijo; Vos sois la prenda cierta de mi salvación. Os pido, Señora, que me libréis del pecado, disipad las tinieblas de mi entendimiento, alejad de mi corazón los efectos terrenos, reprimid las tentaciones de mis enemigos y dirigid mi vida conforme a la ley de Dios, y dadme la gracia que necesito para hacer con fruto este ejercicio, siendo para gloria Tuya y provecho de mi alma. Amén.




DÍA PRIMERO
CONSIDERACIÓN SOBRE EL PRIMER DOLOR DE LA VIRGEN. LA PROFECÍA DE SIMEÓN.
Simeón dijo a María Madre de Jesús: “He aquí que éste está constituido par ruina y levantamiento de muchos en Israel, y para señal que excitará la contradicción: y una espada tu propia alma, para que de revelen los pensamientos de muchos corazones”. (Lc. 2, 34-35)
Madre mía, mi corazón se llena de dolor al considerar la primera espada que atravesó vuestro corazón, cuando se os representaron en el templo por medio de Simeón todos los tormentos que los hombres debían hacer sufrir a vuestro Hijo Jesús, lo que sabíais ya por las divinas Escrituras, hasta hacerle morir delante de vuestros ojos, pendiente del duro leño de la cruz, desangrado y abandonado de todos. Por este dolor tan amargo, que tantos años afligió vuestro corazón, os ruego Señora que me alcancéis la gracia de que tanto en mi vida como en la hora de mi muerte tenga grabados en el corazón la Pasión de Jesús y vuestros dolores.
ORACIÓN PARA ESTE DÍA PRIMERO
Dulcísima María, no una espada, sino tantas espadas como pecados he cometido, he añadido a vuestro corazón. Las penas no deben recaer sobre Vos, que sois inocente, sino sobre mí, que he cometido tantos crímenes. Pero ya que Vos habéis querido padecer tanto por mí, alcanzadme por vuestros méritos dolor de mis culpas y paciencia para sufrir los trabajos de esta vida, que siempre serán ligeros comparados con mis desméritos, pues por ellos tantas veces me hice acreedor al infierno. Amén.
(Pídase la gracia que se desee obtener mediante este septenario)

Para conseguir las gracias que hemos pedido se rezará un Padrenuestro y siete Avemarías en honor de los siete dolores de la Santísima Virgen.
Madre mía, haz que acompañe
mi corazón el dolor
que padeciste en la muerte
de Jesús mi Salvador.




DÍA SEGUNDO
ORACIÓN PREPARATORIA
(Véase el día primero)
CONSIDERACIÓN SOBRE EL SEGUNDO DOLOR DE LA VIRGEN. HUÍDA DE JESÚS A EGIPTO.
“Después que ellos (los Magos) se fueron, he aquí que un ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: levántate, toma al Niño y a su Madre y huye a Egipto, y estate allí hasta que yo te diga; porque ha de suceder que Herodes busque al Niño para matarle.
Levantándose José, tomó al Niño y a su Madre, de noche, y se retiró a Egipto, y permaneció allí hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta: “De Egipto llamé mi Hijo”. (Mt. 2, 13-15).

Me aflijo, Madre Mía, de Vos por la segunda espada que atravesó tu corazón al ver a vuestro inocente Hijo, que apenas había nacido y era ya perseguido de muerte por aquellos mismos hombres por quienes había venido al mundo, viéndoos obligada a huir a Egipto de noche y ocultamente. Por los trabajos que sufristeis siendo una delicada doncella en compañía de Jesús durante aquel penoso viaje por países ásperos y solitarios, y mientras habitasteis en Egipto, en donde siendo desconocidos y forasteros vivisteis todos aquellos años pobres y despreciados, os pido, Madre mía, que me alcancéis la gracia de sufrir con paciencia en vuestra compañía hasta la muerte los trabajos de esta vida miserable, para que en la otra pueda librarme de los eternos tormentos que he merecido.
ORACIÓN PARA ESTE DÍA SEGUNDO
¡Oh, María! Después que ha sido inmolado vuestro Hijo por mano de los hombres que le han perseguido hasta la muerte, prosiguen estos ingratos todavía con sus pecados ofendiéndole, y afligiéndoos a Vos, dolorosa Madre. Yo he sido uno de éstos; pero Madre mía, alcanzadme lágrimas para llorar tanta ingratitud.
Por el trabajo que sufristeis en el viaje a Egipto, asistidme con vuestro auxilio en el viaje que estoy haciendo hacia la eternidad, para que pueda ir con Vos a amar mi perseguido Jesús en la patria de los bienaventurados. Amén.

(Hágase lo demás como el primer día)






DÍA TERCERO
ORACIÓN PREPARATORIA
(Véase el día primero)
CONSIDERACIÓN SOBRE EL TERCER DOLOR DE LA VIRGEN. JESÚS PERDIDO EN EL TEMPLO.

“Sus padres iban todos los años a Jerusalén en el día solemne de la Pascua. Y cuando tuvo doce años, subieron ellos a Jerusalén, según solían en aquella fiesta: y acabados los días, cuando se volvían, se quedó el Niño Jesús en Jerusalén, sin que sus padres lo advirtiesen. Creyendo que estaba Él con los de la comitiva, anduvieron camino de un día, y le buscaron entre los parientes y conocidos; como no le hallasen, se volvieron a Jerusalén buscándole.
Y aconteció que, tres días después, le hallaron en el templo, sentado en medio de los doctores, oyéndolos y preguntándoles. Y se pasmaban todos los que le oían de su inteligencia y de sus respuestas. Y cuando le vieron, se maravillaron. Y le dijo su Madre: Hijo, ¿por qué lo has hecho así con nosotros? Mira como tu padre y yo, angustiados, te buscábamos. Y le respondió: ¿Para qué me buscabais? ¿No sabíais que conviene que yo esté en las cosas de mi Padre? Más ellos no entendieron la palabra que les habló”. (Lc. 2, 41-50).

Me compadezco, Madre mía, de Vos por la tercera espada que hirió vuestro corazón, cuando perdisteis a vuestro querido Hijo Jesús, el cual permaneció separado de Vos en Jerusalén por espacio de tres días. Entonces, no viendo junto a Vos a vuestro querido Hijo e ignorando la causa de su ausencia, no sosegasteis durante toda aquella noche, suspirando continuamente por el que era todo vuestro amor.
Por los suspiros de aquellos tres días, tan amargos para Vos, os ruego que me alcancéis la gracia de no perder a mi Dios, a fin de que viva abrazado siempre con Él en este mundo y consiga llegar al cielo empíreo para alabarle eternamente.
ORACIÓN PARA ESTE DÍA TERCERO
Virgen Amantísima, Vos suspiráis por Jesús, Vos que solo amáis a Jesús. Dejadme suspirar por Él a mí y a tantos pecadores que no le aman y con sus ofensas le han perdido. Madre mía, si por falta mía vuestro Hijo no ha vuelto todavía a mi alma, haced Vos que yo le halle. Yo bien sé que se deja hallar de quien le busca, más haced que yo le busque como debo. Vos sois la puerta por la cual todos hallan a Jesús, por Vos espero hallarle yo también. Amén.
(Hágase lo demás como el primer día)






DÍA CUARTO
ORACIÓN PREPARATORIA
(Véase el día primero)
CONSIDERACIÓN SOBRE EL CUARTO DOLOR DE LA VIRGEN. ENCUENTRO CON JESÚS CUANDO IBA CAMINO DEL CALVARIO.

“Llora amargamente en la noche y corre el llanto por sus mejillas. No tiene quien la consuele. Sale a causa de la aflicción. Va entre las gentes sin hallar reposo.
¡Oh vosotros, cuántos por aquí pasáis: Mirad y ved si hay dolor comparable a mi dolor, al dolor con que yo atormentando!” (Lament. 1)
Dolorosa Virgen, Madre mía, mi alma se llena de tristeza al considerar la cuarta espada que traspasó vuestro corazón al ver a Jesús condenado a muerte, atado con cuerdas y cadenas, cubierto de sangre y llagas, con una corona de espinas en la cabeza, cayendo tres veces bajo el madero de la cruz, que llevaba sobre sus delicados hombros, yendo a morir por nosotros como un inocente cordero. Entonces se encontraron los ojos de ambos y vuestras miradas se convirtieron en otras tantas crueles saetas, con las cuales al mismo tiempo heristeis a los corazones enamorados de Jesús y de Vos.
Por este terrible dolor, os suplico que me alcancéis la gracia de vivir resignado a la voluntad de Dios, llevando con alegría mi cruz en compañía de Jesús hasta el último aliento de mi vida.

ORACIÓN PARA ESTE CUARTO DÍA

Madre mía dolorosísima. Por el mérito de aquel dolor que sufristeis viendo conducir a la muerte a vuestro dulce Jesús, alcanzadme la gracia de llevar con paciencia las cruces que Dios me envía. Feliz sería si supiera acompañaros con mi cruz hasta la muerte. Vos y Jesús, siendo inocentes, habéis llevado una cruz pesada, y yo pecador, que he merecido el infierno, ¿rehusaré la mía?. ¡Oh Virgen dolorosa! Espero que Vos me ayudaréis a sufrir las cruces con paciencia y resignación. Amén.
(Hágase lo demás como el primer día)



DÍA QUINTO
ORACIÓN PREPARATORIA
(Véase el día primero)
CONSIDERACIÓN SOBRE EL QUINTO DOLOR DE LA VIRGEN. LA MUERTE DE JESÚS.
“Jesús, dando una gran voz dijo: Padre, en tus manos entrego mi espíritu. Y diciendo ésto expiró”. (Lc. 23,v. 46).
Me lleno de tristeza, Madre mía dolorosa, al ver la quinta espada que cruzó vuestro corazón, cuando en el monte Calvario presenciasteis la muerte lenta de Jesús, entre suspiros y desprecios en el duro lecho de la cruz, sin poderle dar el más mínimo consuelo que se concede al morir aún a los más malvados. Os ruego, Señora, por la angustia que padecisteis junto con vuestro hijo agonizante, y por la ternura que experimentasteis cuando Él os habló por última vez desde la cruz y se despidió de Vos, dejándoos por Madre de todos los hombres en la persona de San Juan. Y Vos, constante allí, le visteis después de inclinar la cabeza y expirar, os suplico me alcancéis la gracia de que viva crucificado por vuestro amor, a fin de que pueda consagrarme toda mi vida a Dios y entrar después en el cielo a gozar de su presencia.

ORACIÓN PARA ESTE QUINTO DÍA
Madre Mía, ha muerto Jesús, ese Hijo que tanto os amaba. Llorad, que tenéis razón para ello. ¡Quién pudiera consolaros! Nada puede daros consuelo sino el pensar que Jesús con la muerte ha vencido al infierno, ha abierto el cielo, que estaba cerrado para los hombres, y ha conquistado tantas almas.
En aquel trono de la cruz reinará sobre tantos corazones que vencidos de su amor le servirán con amor. Dejadme acercar a Vos para llorar en vuestra compañía, para llora con más motivo mis pecados, causa de la muerte de Jesús. Madre mía, por la muerte de mi Redentor y por los méritos de vuestros dolores, espero el perdón y la salvación eterna. Amén.
(Hágase lo demás como el primer día







DÍA SEXTO

ORACIÓN PREPARATORIA
(Véase el día primero)
CONSIDERACIÓN SOBRE EL SEXTO DOLOR DE LA VIRGEN. DE LA LANZADA Y DESCENDIMIENTO DE JESUCRISTO EN LA CRUZ.
“Uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y salió sangre y agua”. (Jn. 19. v.34).
“Llegada la tarde, vino un hombre rico de Arimatea, de nombre José, discípulo de Jesús. Se presentó a Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Pilato entonces ordenó que le fuese entregado. Él tomando el cuerpo, lo envolvió en una sábana limpia” (Mt. 27, 57-59).
Me compadezco de vos, Madre afligida, por la sexta espada que os traspasó al ver herido de parte a parte el dulce corazón de vuestro Hijo ya difunto, y muerto por aquellos ingratos que ni aún después de su muerte habían cesado de atormentarle. Por este cruel dolor, que sólo Vos sufristeis, os suplico me alcancéis la gracia de que pueda habitar en el corazón de Jesús herido y abierto, por mí, en aquel corazón donde se halla la verdadera morada del amor, donde reposan todas las almas amantes de Dios, y en donde viviendo yo, no pienso en otra cosa, ni ame más que a Dios.

ORACIÓN PARA EL SEXTO DÍA
¡Oh, Virgen afligida! Compadeceos de mí que lejos de haber amado a Dios, no he hecho más que ofenderle. Vuestros dolores me animan en gran manera a esperar el perdón; pero ésto no me basta. Yo quiero amar a mi Señor, ¿y quién me podrá conseguir esta gracia mejor que Vos, que sois la Madre del amor hermoso? ¡Oh, María! Vos consoláis a todos, consoladme también a mí.
(Hágase lo demás como el primer día)





DÍA SÉPTIMO
ORACIÓN PREPARATORIA
(Véase lo demás como el primer día)
CONSIDERACIÓN SOBRE EL SÉPTIMO DOLOR DE LA VIRGEN. INHUMACIÓN DEL CUERPO DE JESÚS.
“Él (José de Arimatea), tomando el cuerpo (de Jesús) lo envolvió en una sábana limpia y lo depositó en su propio sepulcro, del todo nuevo, que había sido excavado en la peña, y corriendo una piedra grande a la puerta del sepulcro, se fue”. (Mt. 27, 59-60).
Dolorosa Virgen María, por la séptima espada que atravesó vuestro corazón mi alma se aflige, al ver en vuestros brazos a tu querido Hijo Jesús difunto, no ya hermoso y cándido como lo recibisteis en el establo de Belén, sino ensangrentado, lívido y cubierto de heridas, que le dejaban los huesos descubiertos, diciéndole entonces: Hijo mío ¿a qué estado te ha reducido el amor? Y cuando le llevaban al sepulcro quisisteis acompañarle y colocarle en él con vuestras manos hasta que, dándole el último adiós, dejasteis allí vuestro amante corazón sepultado con vuestro Hijo. Por los muchos martirios que sufrió vuestra hermosa alma, alcanzadme el perdón de las ofensas que he hecho a mi Dios, de las que me arrepiento de todo corazón. Defendedme de las tentaciones y asistidme a la hora de mi muerte, a fin de que salvándome por los méritos de Jesús y vuestros vaya un día, con vuestra ayuda, después de este miserable destierro, a cantar en el cielo las alabanzas de Jesús y las vuestras, por toda la eternidad.

ORACIÓN PARA EL SÉPTIMO DÍA
Virgen Madre de Dios y Madre mía, haced que tenga presente constantemente la pasión de Jesucristo y vuestros santos dolores, a fin de que todos los días de mi vida los emplee en llorar esos dolores y los de mi Redentor Jesucristo. Espero que estos dolores en la hora de mi muerte me darán confianza y fortaleza para no desesperarme a la vista de las ofensas que he cometido contra mi Señor. Estos me han de alcanzar el perdón, la perseverancia y el cielo, en donde espero regocijarme después con Vos, y cantar las misericordias infinitas de mi Dios por toda la eternidad. Amén.
(Hágase lo demás como el primer día)
A continuación se tiene la plática o Sermón finalizando, tras ésta, los Cultos con la Exposición Solemne del Santísimo Sacramento, rezo de la estación Eucarística, Bendición, preces de desagravio y Reserva de su Divina Majestad.